8.11.07

No pertenecer tiene sus privilegios.

El movimiento modernista se origino a fines del siglo XIX y significo un cimbronazo a las estructuras beatas, vetustas e hirsutas de la iglesia católica.
A partir de la lectura de Darwin, surge la idea de humanizar las estructuras canónicas. Criticado básicamente los conceptos de iglesia-estado. Huyendo esta nueva teología de la interpretación literal de las escrituras y del cumplimiento a ultranza de los dogmas.
El vaticano, siempre a la cabeza de la contrarrevolución crea una institución basada en la delación, la Sodalitium Pianum, que tiene (debe funcionar supongo, hay mucho ñoqui en roma) por fin detectar y separan a los modernistas, y es aquí que quería llegar con este absurdo opúsculo.
“Se esperaba a Cristo y la que vino fue la Iglesia”, decía Alfred Loisy al hablar de los primeros tiempos del cristianismo.
Este autor es considerado por muchos el fundador del Modernismo, condenado por San Pío X en 1907 como herético, fue finalmente excomulgado en 1908, con la excomunión vitanda.
La excomunión vitanda es tal vez el mejor regalo que la iglesia puede hacerle a un hombre, no solo se le niegan los sacramentos, los católico-romanos deben esquivar al excomulgado, aun en asuntos profanos; si no se lo puede expulsar mientras se llevan a cabo los oficios divinos, estos deben suspenderse; si por error fuera sepultado en un lugar sagrado, el cuerpo debe ser desenterrado y sepultado en tierra profana.
Que lindo el Codex juris canonici!
La misericordia en ultima instancia la tendrá dios. Aquí abajo la iglesia-estado no esta para la pastoral sino para la represión, tenia algo de razón Loisy.
La idea de no pertenecer, de estar al lado del camino, es agradable, mas si se trata de instituciones tan ridículas como la iglesia.
Que libre debe sentirse aquel que ha sido beneficiado con la vitanda!
Casi casi que todo queda entre dios y uno, sin intermediarios, simpático.
Literatura de alto coturno.
Estoy leyendo seriamente a Pavese, pase por algunos cuentos y estoy embobado con La luna e i falo, la idea del imposible regreso sobre nuestros pasos, la memoria como engaño y la desaparición de lugares, olores, colores y personas, que no hacen mas que confirmar una vez mas cuan connatural nos es la muerte.
Embobado también con Eldar Djangirov, un mozuelo de veinte años que me recuerda al Brad Meldhau que en el dos mil dos vi con Paula en Buenos Aires, claro que allí Brad tenia treinta y dos años y este Eldar tiene solo veinte.
Le sobra virtuosismo y le falta sentimiento, lagrima, dolor; nada que “el vivir” no pueda darle.


Y lo bueno es que el hombre lloraba al contarlo, como llora un borracho, con todo su cuerpo.
Cesare Pavese

1 comentario:

C. dijo...

sé que la lectura de pavese forma parte de uno de tus innumerables actos de amor. y de esos actos uno nunca se arrepiente.
te amo