28.2.08

No es mi estilo.

Habitualmente la cotidianidad me lleva a desvaríos filosóficos.
Hoy solo quiero expresar mi pesar por lo triste que es la condición humana.
Compré un aire acondicionado hace diez días, hace nueve que me contacté con tres vidrieros y tres herreros para que vengan a presupuestar las reformas pertinentes.
Dos de los vidrieros, a pesar de haber acordado fecha y hora del encuentro, no vinieron.
El restante lo hizo puntualmente y me dio el presupuesto en el momento.
De los herreros, uno no vino a la cita, el otro asistió, pero jamás me llamó para decirme cuánto costaba el trabajo.
El tercero vino y con él decidí, casi por descarte, dadas las circunstancias, realizar el trabajo.
Tenía que venir el lunes, no me llamó nunca, lo contacté siempre yo, me dijo que no llegaba y lo dejamos para el miércoles a las nueve de la mañana.
Como el miércoles tampoco vino, lo llame a partir de las diez de la mañana con intervalos de una hora, hasta que dí con él a las dieciocho.
No supo explicarme porque no vino (lo cual me intriga mucho), balbuceó que llamó y que no se podía comunicar, en mi celular y en mi teléfono fijo no hay ninguna llamada registrada.
Quedamos en que venía el jueves a las nueve de la mañana.
Lo llamé a las diez de la mañana del jueves y me dijo que ya salía.
Lo llame a las once y me dijo que pensó que se iba a mojar y por eso no venía, le dije que pidiera un flete y recorriera las extensísimas seis cuadras que nos separan y viniera a hacer su trabajo, por el cual había cobrado una seña.
El misterioso sujeto piensa o dice que piensa o cree que piensa, pero claro es muy reservado, como casi todos los genios, y no me cuenta que es lo que pasa por su cerebro.
Son las once y cincuenta del jueves.
Espero.
Como quien ve pasar un cortejo fúnebre.
Me pregunto:
¿ es posible que todo funcione tan mal?
El universo es un lugar gracioso.

Existir sería una empresa absolutamente impracticable si dejáramos de darle importancia a lo que no la tiene.

e. m. cioran