18.11.07

Yo queria un Conogol.

Era el Conogol, allá en mi tierna infancia el helado industrial más deseado. Por las tardes, en el verano, un señor visitaba las calles del barrio en bicicleta vendiendo los preciados manjares de Frigor.
Sentado en el umbral o dentro de mi casa, aguardaba el sonido del silbato para salir corriendo en búsqueda del refrescante dulzor. No había para Conogol, pero no importaba, la espera siempre tenia recompensa de Torpedo.
El tiempo pasa y cada vez son más flacas las esperanzas, hoy las monedas sobran, ausentes están el umbral, la casa , el dulzor y ese niñito.
Existen dispares modalidades de contemplar el universo. Trataré de personalizarlo y oponerme un tanto a Hegel que contempla desde las alturas todo. Y es desde allí que todo lo ordena y omnipotente todo lo decide, absoluto, cual deidad.
Sabiéndome poca cosa, finito y limitado a esta pretenciosa forma humana, atento hasta el detalle de mis acciones y mis reacciones, voy tratando de extender mi campo de comprensión, arrimándome paulatinamente al gran misterio, que como enseña el catecismo es una luz muy fuerte, cuanto más cerca estamos de ella, más ciegos y menos claros nuestros saberes.
El caos me gobierna y lejos están de mí la lógica y la metafísica de este buen señor, hombre de principios; su palabra es siempre sobria y segura. Acomoda las piezas de su ajedrez(hechos y acontecimientos) sin apenas inquirirlos, pues se encuentran ya perfectamente catalogados desde su elevada posición.
No es inquina, me sale así, yo soy una pregunta que anda a los tumbos entre peones y alfiles y reinas y torres. Me deslizo demudado entre los vericuetos del existir y a diario trato de librarme del enmarañado conjunto cotidianeidades.
La lucha de Alfonso Quijano es mi lucha, y así, emprendo el repliegue hacia mi intimidad, taciturno.
Es la subjetividad verdad y realidad.
La universalidad en mí nace de la singularidad, y esto que digo no me convierte en algo mejor, ni en algo feliz, es lo que hay vio!
Pamplinas.
Mientras escribo estoy escuchando Messiah de Handel, (bajo la batuta de Bernstein: la filarmonica de NY), y se me ocurren reflexiones mas allá de lo particular de la obra(es un oratorio atípico, mas alemán que italiano, se estreno en un teatro y no en una iglesia, etc.).
El chango fue un artista global, nació en Alemania, vivió en Italia, en Francia y murió en Inglaterra. Y de todas sus patrias supo tomar algo: tiene el bel canto italiano, la seriedad francesa, la técnica y precisión alemanas y esa fuerza y musicalidad tan inglesa.
Fue un músico popular para su época y mas allá de las tareas que le encomendaban las distintas coronas, fue de los primeros en componer para la monada. Como todo artista que se precie tuvo sus vaivenes religiosos, sus cosillas con el amor y varios padecimientos corporales.
Sospecho que las obras, de todo tipo, no solo las estrictamente artísticas, son reacción, pregunta, ruego, esperanza más o menos disimulada, deseos de ser vistos, túmulos.


Estoy aquí
en el mundo
en un lugar del mundo
esperando
esperando.
Ven
o no vengas
yo
me estoy aquí
esperando.

Idea Vilariño

10.11.07

Termina que se muere.

Desvelados, luego de pasar horas dentro del cine viendo películas del festival, cuando aun no era “el festival”; nos quedamos hasta el amanecer charlando y discutiendo sobre cine, éramos una docena de sonámbulos. Entre citas, y muestras de erudición y sabiduría, fuimos cómplices de omisiones e inventos. Propios y ajenos.
Recuerdo que esa noche se me ocurrió preguntar como es posible que alguien haya escuchado ese: Rosebud. Quien podría estar acompañando a ese solitario ser en su hora mas cierta y personal, mas cruel y real.
La soledad ante la vuelta a la potencia, la renuncia definitiva al acto.
Y lo que parecía una estupidez, se convirtió en el centro de un debate que no tuvo respuesta. Tal vez sea el error de montaje más delicioso de la historia del séptimo arte.
La genialidad de Wells y sus planos secuencia para demostrar el clima de ambigüedad, comenzar por el fin, finalizar el comienzo, algo que en mi se vuelve tan monserga y por el contrario tan claro y sencillo en Citizen Kane.
Quien escucho esa palabra? Quien nos escucha?
La soledad como calculo y medida de nuestra existencia, este devenir por un mundo de silencios y de ideas, buscando vencer el olvido, buscando quien en medio del desierto escuche nuestra queja, y responda, seguramente tarde, a nuestra pregunta.
Mas allá de la temporalidad anecdótica del pimpollo de Marion Devies, este Rosebud me recuerda mas al Paradise Lost de Milton(que no es el de Mambrú) en donde cielo e infierno a diferencia de La Divina Comedia no son espacios físicos, sino estados del anĭma.
Un alma cubierta de cilicios que transcurre la noche oscura y cerrada en búsqueda y camino de una Jerusalén lejana, sino inexistente.
La insatisfacción, la acidia, la desesperanza, en cuanto se parecen esos infiernos a esta cotidianeidad, la idea redentora de dios, en sus diversas formas nos consuela.
Formas sin forma, dios tecnológico, dios ilustrado, dios de colores, dios de dos ojos, dios musical, dios de los ateos!
Este barbotear rabia en nada se contradice con el goce de las cosas(el primer disco de Maria Rita por ejemplo que estoy escuchando ahora) y quien quiera ver en mí a un pesimista, nada más lejos.
Que el mundo es pésimo y esta mal repartido todo, si.
Los que se mueren de hambre y los que nadan en petrodólares.
Somos un accidente en un mundo accidentado.
Todos juntos!

Sei que eu nasci pra saber
Pra saber o que?
Rita Lee & Roberto Carvalho

8.11.07

No pertenecer tiene sus privilegios.

El movimiento modernista se origino a fines del siglo XIX y significo un cimbronazo a las estructuras beatas, vetustas e hirsutas de la iglesia católica.
A partir de la lectura de Darwin, surge la idea de humanizar las estructuras canónicas. Criticado básicamente los conceptos de iglesia-estado. Huyendo esta nueva teología de la interpretación literal de las escrituras y del cumplimiento a ultranza de los dogmas.
El vaticano, siempre a la cabeza de la contrarrevolución crea una institución basada en la delación, la Sodalitium Pianum, que tiene (debe funcionar supongo, hay mucho ñoqui en roma) por fin detectar y separan a los modernistas, y es aquí que quería llegar con este absurdo opúsculo.
“Se esperaba a Cristo y la que vino fue la Iglesia”, decía Alfred Loisy al hablar de los primeros tiempos del cristianismo.
Este autor es considerado por muchos el fundador del Modernismo, condenado por San Pío X en 1907 como herético, fue finalmente excomulgado en 1908, con la excomunión vitanda.
La excomunión vitanda es tal vez el mejor regalo que la iglesia puede hacerle a un hombre, no solo se le niegan los sacramentos, los católico-romanos deben esquivar al excomulgado, aun en asuntos profanos; si no se lo puede expulsar mientras se llevan a cabo los oficios divinos, estos deben suspenderse; si por error fuera sepultado en un lugar sagrado, el cuerpo debe ser desenterrado y sepultado en tierra profana.
Que lindo el Codex juris canonici!
La misericordia en ultima instancia la tendrá dios. Aquí abajo la iglesia-estado no esta para la pastoral sino para la represión, tenia algo de razón Loisy.
La idea de no pertenecer, de estar al lado del camino, es agradable, mas si se trata de instituciones tan ridículas como la iglesia.
Que libre debe sentirse aquel que ha sido beneficiado con la vitanda!
Casi casi que todo queda entre dios y uno, sin intermediarios, simpático.
Literatura de alto coturno.
Estoy leyendo seriamente a Pavese, pase por algunos cuentos y estoy embobado con La luna e i falo, la idea del imposible regreso sobre nuestros pasos, la memoria como engaño y la desaparición de lugares, olores, colores y personas, que no hacen mas que confirmar una vez mas cuan connatural nos es la muerte.
Embobado también con Eldar Djangirov, un mozuelo de veinte años que me recuerda al Brad Meldhau que en el dos mil dos vi con Paula en Buenos Aires, claro que allí Brad tenia treinta y dos años y este Eldar tiene solo veinte.
Le sobra virtuosismo y le falta sentimiento, lagrima, dolor; nada que “el vivir” no pueda darle.


Y lo bueno es que el hombre lloraba al contarlo, como llora un borracho, con todo su cuerpo.
Cesare Pavese